El pasado mes de Junio, nuestros amigos de "EL TINTERO DE ORO", retomaron de nuevo la idea de la convocatoria anónima para la nueva edición de su concurso. Esta vez tomando como partida al escritor ARTURO PEREZ REVERTE y su famosa novela LAS AVENTURAS DEL CAPITAN ALATRISTE.
AQUI podreis encontrar el resto de relatos participantes, ahora que ya han salido del anonimato:
Aun no sé cómo, de un día para
otro, carteles con mi nombre y mi rostro dibujado se repartieron por todas las
aldeas del lugar, ofreciendo una suculenta recompensa a quién consiguiera
encontrarme y entregarme a las autoridades para ser ajusticiada.
Todo lo que al principio fueron
acciones bien valoradas y recompensadas, elogios por mi buen hacer y
recomendaciones por mi trabajo a otras personas que necesitaban mi ayuda, ahora
se han convertido en herejías y blasfemias, actos impuros y diabólicos bajo la
influencia de las artes oscuras.
Cuando el Conde envió a buscarme
hace un par de años, para que su amante que estaba encinta, perdiera al hijo
que llevaba en sus entrañas, no le importaron mis métodos ni sus orígenes, solo
el resultado. “Haz lo que haga falta para deshacernos de la criatura”,
dijo. “Lo importante es que ella sane y que su marido, muy influyente en la
corte, no se percate de ningún cambio en su persona”. Y así resultó.
Cuando el Abad me encargó una
eficaz medicina para aliviar el sufrimiento de una anciana heredera sin
descendencia, que donaría todo su patrimonio a la iglesia, tampoco le preocupó
de donde extraje los ingredientes mientras fuera el resultado final esperado. “Que
sea un tránsito plácido y tranquilo”, me sugirió. Y así fue.
Cuando la hija de la Baronesa me
pidió entre lágrimas que recuperara a su marido perdido hacía meses en alguna de
aquellas interminables luchas en tierras lejanas, y lo hiciera volver junto a
ella sano y salvo, no pensó en ningún momento que hiciéramos nada malo ni en
contra de su credo. “Aunque lo saques de entre los muertos”, me dijo. Y
así lo hice.
Me buscan para llevarme frente al
inquisidor que, con su única e indiscutible autoridad, aplicará su aplastante veredicto
en un juicio acelerado e improvisado. Mi sentencia se ejecutará el mismo día
sin dar tiempo a defensa ni réplica ninguna para intentar mi salvación. En cada
plaza mayor tienen una hoguera siempre presta para los juicios precipitados que
en estos tiempos se ejecutan demasiados y a menudo, según ha llegado a mis
oídos. Tenerlas allí a la vista de todos resulta aleccionador, una muestra de
que su ley implacable funciona, y así disuadir a cualquiera que pretenda seguir
nuestros pasos.
Pero ellos no entienden que
nosotras no servimos a ninguna ley, sino a nuestra naturaleza. Nosotras no
hemos nacido para morir entre las llamas ni arder en el infierno, como muchos
de ellos aseguran. De donde yo vengo, nos llaman mujeres de agua. Solemos
habitar en las montañas, en alguna gruta oculta a la vista de todos, y siempre
cerca de algún estanque, salto de agua, fuente o corrientes de agua o lagos
subterráneos.
El bosque nos provee de todo lo
que necesitamos para nuestra subsistencia y también de todos los ingredientes
necesarios para crear nuestras medicinas y curas, tan valorados por todos
cuando la enfermedad o cualquier otro problema surge en sus vidas, y ningún
rezo o plegaria resulta eficaz ni les da los resultados que esperan.
Somos mujeres estudiosas de las plantas y sus propiedades sanadoras. Nos movemos por los mercados y las aldeas en buscar de provisiones a cambio de nuestros remedios curativos. Somos fácilmente reconocibles, vestidas con nuestras túnicas holgadas y nuestro cabello suelto, al contrario de las aldeanas virtuosas o damas adineradas, que lucen sus ceñidas vestiduras y sus peinados recogidos, siempre prestas para satisfacer las miradas de sus devotos pretendientes y las necesidades de sus exigentes esposos.
Corren leyendas sobre nosotras,
siempre rodeadas de un aura de misterio. Eso favorece que todos crean que somos
seres venidos de los infiernos que, con nuestra indiscutible belleza y nuestras
malas artes, influimos en las mentes débiles e inocentes que se cruzan en
nuestro camino, y las pervertimos para que sirvan al mismísimo diablo.
Somos mujeres de lo más corriente
pero lo único que perseguimos es ser libres, no servir a nadie y a todos al
mismo tiempo. Nos enamoramos como cualquier mortal y eso muchas veces es
nuestra perdición. Bajamos la guardia porque nos olvidamos de que somos seres
perseguidos y que en cuanto nuestro enamorado se canse de nosotras o nos cambie
por una moza casadera que sea un mejor partido, todo lo que antes era amor y
pasión, se convierte en odio y desprecio. Y es cuando empiezan los rumores
sobre nuestra perversa naturaleza. Cuando estaban junto a nosotras todo era
felicidad sin preocupaciones ni obligaciones. Al abandonarnos y atarse a otra
nueva vida, cualquier dificultad o un revés en el camino, resulta ser por
nuestra culpa.
Hace semanas que recorro estos
bosques por las noches, con la luna como mi fiel guía y única compañía. De día
me cobijo en una de tantas grutas abandonas por otras mujeres perseguidas por
los mismos motivos que yo, que desgraciadamente fueron apresadas. Mi objetivo
es llegar a la frontera y atravesar las montañas. Si llega antes el invierno,
mi única salvación será embarcarme en la costa en el primer navío con pasaje
disponible para abandonar estas tierras y empezar de nuevo en cualquier otro lugar.
Quizá mis habilidades y conocimientos sean más valorados, en cualquier otro
rincón del Mediterráneo.
Espero que mi despechado amante
no descubra nunca el pequeño presente que le dejé bajo el forro de su capa
favorita. ¿Conseguirá su sueño de convertirse en un escritor de fama? Solo el
tiempo y su talento decidirán.









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