AQUI podreis encontrar el resto de relatos participantes:
"LIBRO ABIERTO"
Era el día de la rosa y el libro,
una de esas fechas especiales para nosotros. Estaba nerviosa porque en treinta
años era la primera vez que no encontraba un libro que me gustara para
regalarle.
Aquella noche, nada más llegar a
casa, él me entregó la rosa con un beso. Yo para compensar mi falta, le preparé
una cena romántica, acompañándola de un buen vino y su postre favorito. Antes
de ofrecerle un café, él hizo un gesto de levantarse para ir a buscar el libro
que había escogido para mí y sin darle tiempo a entregármelo le dije:
—Yo no tengo libro para ti… -
se hizo un breve silencio antes de que yo pudiera continuar la frase para
excusarme, cuando él me contestó…
—¡Cariño, tú eres mi libro! –
con aquella mirada traviesa suya y esa sonrisa de canalla que ponía cuando
quería algo de mí.
—¡Pues, espera que te abro las
páginas! – le contesté extrañamente ocurrente, rápida y muy descarada mientras
me subía el vestido y me quitaba las bragas.
Aquella noche follamos en la
cocina, después de meses sin tocarnos, y con una pasión que ya casi había
olvidado. Y también fue la última. Parece que mi deseo sexual se ha ido
apagando con los años, no sé si debido a mi inminente menopausia o que lo
nuestro se ha convertido en algo monótono y no nos excita lo suficiente.
Aquel verano pasamos las
vacaciones en nuestro apartamento de la costa. Una tarde en nuestra cala
favorita, vimos a una joven pareja estirados en sus toallas frente a nosotros. Al pasar las horas, se añadió una muchacha y
pudimos comprobar que en realidad se trataba de un trio. El muchacho iba
repartiendo besos, caricias y miradas cómplices indistintamente a ambas
jóvenes. Nosotros nos miramos el uno al otro con una sonrisa, entre sorprendidos
y admirados.
Por la noche mientras cenábamos
en la terraza del apartamento, noté que él estaba algo inquieto, como si
quisiera explicarme algo sin saber cómo empezar. Después de cenar echamos unas
partidas a las cartas y fue cuando me comentó precipitadamente y de sopetón:
—¿Te has fijado en aquellos tres de la
playa? ¿Esto será lo que ahora llaman “Poliamor”?
Tras una larga charla, aprovechó para
confesarme que notaba que nuestra relación decaía, que nos faltaban ganas,
ilusión, quizá probando algo nuevo… Yo le respondí que solo pensarlo me daba
una enorme pereza. No era precisamente lo que mi desordenado, caótico e
indisciplinado cuerpo me pedía en ese momento. Me excusé diciéndole que entendía
que él tuviera otras necesidades diferentes a las mías, nuestros biorritmos no
estaban sincronizados, quizá nunca lo estuvieron. Le confesé que yo no me veía
participando en un juego así. Ni buscándome otro amante ni compartiendo juegos
con él y otra persona al mismo tiempo.
Pero en un arranque de inesperada e
inconsciente generosidad por mi parte, le sugerí que, si él sentía la necesidad
de acostarse con otras, le daba la libertad de hacerlo, aunque le ponía tres
condiciones: Que yo no me enterara cuando lo hiciera ni con quien, que
fuera discreto para que nadie lo supiera y que siempre regresara a casa a
dormir.
Recuerdo su cara de incredulidad,
como aquel que le dicen que le ha tocado la lotería y piensa que es una broma.
Mi sorprendente y comprensiva respuesta, adaptada a los tiempos y las
circunstancias, me pareció la mejor solución para nuestra situación.
Pasaron unos meses y empezó a
quedar con algunos compañeros del trabajo y conocidos del gimnasio para cenar e
ir a tomar algo algunas noches. Yo ya sospeché de qué se trataba, pero como
habíamos hecho un trato, ni yo le preguntaba detalles ni él me explicaba.
Y el momento que yo temía desde
nuestro acuerdo, finalmente se materializó el día que subió una foto en redes declarando
estar enamorado y no era de mí. Aquella noche no vino a dormir a casa. Que tu
pareja flirtee con otras no es una amenaza, que folle puntualmente con otras
mientras vuelva a dormir a casa quizá tampoco, pero si es siempre con la misma,
puede que se encariñe y la cosa se convierta en algo más serio, y así fue.
Las condiciones de nuestro
acuerdo se habían roto y ya no tenía sentido seguir juntos, por lo que decidimos
separarnos. Nunca imaginé que a los pocos meses de nuestra separación recibiría
una llamada de mi cuñada informándome que había muerto.
Reuní todo el valor que pude para
asistir al funeral, ante las extrañas miradas de la que fue mi familia
política. Con una mezcla de vergüenza y falso orgullo conseguí darle el pésame
a todos, cuando ellos se debatían entre dármelo a mi o a su recién estrenada
pareja. Lo cierto es que durante aquel día y los siguientes no pude evitar
sentirme como una viuda. Me rompió el corazón saber por su hermana que había
muerto en la cama, de un infarto, asegurando con un malvado comentario, que al
menos se habría ido al otro mundo siendo feliz.
Y aquí me encuentro hoy, en la
terraza de nuestro apartamento, donde se ideó nuestro extraño acuerdo, y con un
libro abierto entre las manos, el último que me regaló. No puedo evitar pensar
que de continuar juntos quizá seguiría vivo, aunque sexualmente muerto, pero
vivo, al fin y al cabo.
AQUI podreis encontrar el resto de relatos participantes:

.jpg)
Hola, Marifelita, curioso tu relato, así como la reflexión final que hace tu protagonista. Le sugirió algo muy complicado a su marido, existía ese riesgo, pero fue un acto de amor grande el que hizo. Efectivamente, era su destino, el de su marido, también podía haber elegido parejas ocasionales, pero... Un relato muy bueno.
ResponEliminaMuchas gracias por participar en el reto del Tintero.
Un abrazo. :)
Un relato que bien podría ser una realidad de muchas parejas en una crisis de salvar la relación. Los acuerdos son para eso, para cumplirlos, y ella era consciente de que lo que le proponía podría ocasionar lo que al final sucedió.
ResponEliminaFue generosa y supo responder con valentía, sin escenas que no eran justificables. Para mí eso es amor: dejar volar. Aunque tú seas la perjudicada. Aunque no creo que el resultado lo fuera, cuando uno decide ciertas cosas, sabe a lo que se expone. Un buen relato. Un abrazote.