Esta semana reanudamos nuestra colaboración al proyecto de LITERATURA FANTÁSTICA de la compañera Mercedes desde su Blog MIL Y UNA NARRACIONES.
El relato de hoy es una versión totalmente alternativa de estilo libre, del clásico fácilmente reconocible. A ver que os parece:
"LOBITO MANSO Y ENCARNITA FEROZ"
Érase una vez
un lobito bien manso y chiquitito que vivía en el bosque. Era muy asustadizo,
algunas veces se había encontrado con unos enanitos que iban por el bosque
silbando y cantando con una muchacha morena, joven y guapa pero muy
escandalosa, que siempre lo despertaban de sus siestas. Una tarde se tropezó en
el bosque con una niña, que de entrada parecía estar perdida e indefensa.
—Hola bonita!
¿Te has perdido? ¿Puedo ayudarte?
—Mi madre
siempre dice que no hable con desconocidos, pero yo no le hago caso, que sabrá
ella. Me llamo Encarnita, y como voy bien de tiempo para llegar a casa de la
abuela, me quedaré aquí un rato a descansar y a comer algo de lo que le ha
puesto mi madre en la cesta. ¿Quieres probar algo? - El lobito educado dijo:
—Te lo
agradezco, pero no gracias. Me temo que no me sentaría demasiado bien. – Y
antes de que acabara la frase, Encarnita ya había empezado a zamparse una
madalena con una mano, mientras que con la otra sostenía una rosquilla, y en
cuanto le quedó una mano libre, echó mano de una chocolatina.
—¡Tú te lo
pierdes, lobito bobo! Y siguiendo comiendo a dos manos mientras con la boca
llena de dulces le preguntaba al lobito, con voz inocente:
—¡A ver
lobito! ¿Sabes para que son estos ojos tan grandes que tengo?
—Imagino que
son para ver mejor ¿no?
—No tonto,
son para encandilar a un joven príncipe y se case conmigo. – El lobito se
estaba empezando a incomodar en compañía de la extraña niña.
—¿Y sabes
para que son estas orejas tan grandes que tengo?
— ¿Serán para
poder oír mejor?
—Que bobo
eres lobito. Serán para que una vez me haya casado con un apuesto príncipe,
poder llevar los pendientes más lujosos y caros que me regale. – El lobito de
nuevo se estaba poniendo cada vez más nervioso, que les pasaba a las niñas de
hoy en día?
—¿Y sabes
Lobito, para que es esta boca tan grande que tengo?
—¿Para
zamparte la merienda de tu abuela mejor? - Definitivamente se estaba empezando
a arrepentir de haberse acercado a la niña para auxiliarla, en vez de quedarse
feliz durmiendo su siesta en su madriguera.
—Pero mira
que eres inocente Lobito, es para estamparle a mi príncipe unos buenos besos y
que nunca se quiera ir de mi lado.
El lobito se
levantó e hizo ademán de marcharse mientras decía:
—Creía que
las niñas de hoy en día erais más espabiladas, y menos superficiales la verdad.
Que decepción, así acaban luego los cuentos.
—Oye, pues tú
eres un lobito, antipático e impertinente. Soplaré y soplaré, y tu casa
derribaré.
—Perdona
Encarnita, pero creo que eso es de otro cuento, y en todo caso me tocaría a mi
decirlo, ¿no te parece?
—Yo ya soy
mayor y digo lo que me da la gana. — Y molesta se levantó, tapó la cesta con
las cuatro migajas que quedaban de la merienda para su abuela y se fue gritando
por el camino diciendo:
—Y ahora le
voy a decir a mi madre y a mi abuela, que no solo me has molestado, sino que
además te has comido toda la merienda. Pobre abuela, se va a disgustar mucho. Y
mi madre más. Ella que la había preparado con toda la ilusión.
El lobito se
quedó sorprendido, pero al mismo tiempo aliviado al verla alejarse por fin de
su rincón de bosque favorito, y así podría seguir con su siesta en el mismo
punto donde la había dejado. Y por cierto, no iba a volver a salir en la ayuda
de ninguna niña perdida nunca más.
FIN
P.D.: Recuerda que el lobo siempre será malo,
si solo escuchamos a Caperucita, digo, a Encarnita...
Y ... colorín colorado... este cuento se ha acabado!


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