LA DORMILONA
Foto: Ntifafa Nyakossi - "Sleep" en Pixabay
Era una joven de buena familia, una niña
consentida, todo lo que pedía se le daba. Pasaba las horas holgazaneando con sus
amigas, sumergida en su móvil y comprando ropa, maquillajes y perfumes caros. Acercándose
su mayoría de edad pidió a sus padres una mega fiesta, y por supuesto se la
concedieron. El evento fue apoteósico e inolvidable para todos, pero
principalmente para su protagonista, dando la bienvenida a su edad adulta con
una mezcla excesiva de sustancias que la dejó en una especie de coma profundo.
Pasaban los días y la joven no despertaba de
aquella ensoñación, debida posiblemente a sus excesos o quizá a su extrema pereza.
Su padre decidió premiar a quien la despertara
de aquel inquietante y largo sueño. Familiares, amigos, vecinos y conocidos hacían
cola, esperando su turno para visitar a la joven. Con dulces canciones,
divertidas anécdotas o poemas susurrados al oído intentaban despertarla sin
ningún resultado.
Llegó el turno de un primo lejano, secretamente
enamorado de la joven desde su tierna infancia. Cometió la osadía de besarla en
los labios al despedirse de ella. Inesperadamente abrió los ojos y se levantó
de la cama escandalizada, exclamando:
—¿Pero tu quien te crees que eres? ¿De qué vas?
¡Pervertido! —Se incorporó tan rápido que el joven no vio venir la patada que
le propinó en el peor sitio posible.
La joven resultaba a todos más bonita, dulce y manejable cuando dormía, como en el famoso cuento. Pero los tiempos parecen haber cambiado un poquito… ¿verdad?



